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México, la oportunidad histórica

   18/11/2016      

México, la oportunidad histórica
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Entonces, amigos, ya identificado el problema, propongo hacer algo al respecto: emprender sólo lo que nos toca, que es trabajar honestamente y ser ciudadanos más participativos y exigentes.

Me sorpren­dió ver que, en la última edición de la revista Wired, Barack Obama fue el editor invitado. Además de la sor­presa de ver en este papel a alguien que, en lo personal, admiro mucho, quiero rescatar y proponer para la reflexión su mensaje editorial, el cual se resume a esto: ?Si tuvie­ras que escoger cualquier momento en la historia de la humanidad para estar vivo, éste sería hoy mismo y en Estados Unidos?.

Los hechos sostienen esta afirmación. Hemos visto mejoras importan­tes en derechos humanos, libertades individuales, crimen, pobreza, educación e inclusión social. El mundo en general también es un mejor lugar para vivir, pues más países tienen un sistema de­mocrático y el hambre y la pobreza han disminuido como nunca antes. Si vemos a la tecnología y el acceso a la información como aceleradores históricos del desarrollo humano, sin duda nuestros tiempos presen­tan oportunidades extraordinarias.

Sin embargo, lo interesante sería saber quién está mejor posicionado para aprovechar esta coyuntura po­sitiva en el mundo y en su principal economía.

Sin temor a equivocarme, yo di­ría que México es uno de los países que hoy reúnen la mayoría de las características ideales para aprove­char esta coyuntura, y no sólo por el hecho de que nuestra localización geográfica nos ubique como vecinos del mayor mercado del mundo, que no es cosa menor. Yo empaquetaría las grandes ventajas de México en tres factores: nuestra gente, apertu­ra al mundo y diversidad.

La gente, sobre todo la joven, es el verdadero motor de las eco­nomías, y México es el país más joven de la OCDE, con una edad promedio de 27 años; también somos más jóvenes que Brasil y China. Estos jóvenes son gente preparada: según el WEF, México es el octavo país en ingenieros graduados. Claro, hay que mencionar que buena parte de esta po­blación puede pertenecer al 46% de mexicanos en si­tuación de pobreza, hecho que a nadie le conviene.

También podemos reconocer a un país abierto a la globaliza­ción económica (con corredores industriales como los del Norte y el Bajío), cultural y cosmopolita, como ocurre en la Ciudad de México y en Guadalajara. Somos parte del TLCAN, el mayor bloque económi­co del mundo, donde se intercam­bian más de 140 millones de dólares cada hora, con bienes de cierto valor agregado, entre economías sumamente integradas.

También nuestra diversidad se transforma en magia que enamora. El resultado de esto es un producto único como lo es nuestra cocina, una de las únicas cuatro cataloga­das como patrimonio de la huma­nidad por la Unesco, o el hecho de que 25 millones de extranjeros gustan de visitar nuestras playas, ruinas, pueblos y ciudades, hacién­donos uno de los diez principales destinos turísticos del mundo.

Tristemente, todo esto y el potencial para mejorar están en riesgo. Y ello no radica en amena­zas externas; buscarlo en procesos electorales y políticas específicas de otros países sólo desvía nuestra atención de lo importante, que es que podemos perder esta gran oportunidad debido a nuestra fragi­lidad institucional.

Según el WEF, somos el país 51 en términos de competitividad, pero en la fortaleza de nuestras ins­tituciones ocupamos el lugar 116 de 140, y la corrupción y la inseguridad son los ácidos que corroen nuestras instituciones.

Entonces, amigos, ya identificado el problema, propongo hacer algo al respecto: emprender sólo lo que nos toca, que es trabajar honestamente todos los días y ser ciudadanos más participativos y exigentes.

En lo personal, al ser un promo­tor del México de mérito que todos queremos ver, las inversiones y el desarrollo, sería absurdo no invo­lucrarme en el freno de mano que tiene hoy el país, que es la corrupción. Para cambiar de velocidad necesitamos meter el clutch, que es la ciudadanía. Por eso, yo intento ser parte del cambio, ¿y tú?

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